Radiología como herramienta preventiva

Entrevista al Dr. Gabriel Dib sobre prevención, medicina funcional y el concepto detrás de Da Vinci Wellness Center

Doctor, usted afirma que los radiólogos tienen un papel “vital” en preservar la salud. ¿Por qué cree que esto no se refleja en la práctica cotidiana?

Como radiólogos tenemos un papel preponderante, fundamental, yo diría que vital en preservar la salud. El problema es que, culturalmente, no existe la costumbre —y muchas veces tampoco el presupuesto— para que las personas hagan medicina preventiva. Si la gente no accede a estudios antes de tener síntomas, nosotros tampoco podemos ayudar en el momento clave.

El tema monetario suele ser el factor que define todo.

¿Qué estudios se deberían realizar para prevenir y cuáles no? ¿Existen tablas o guías universalmente aceptadas?

Sí, existen. La medicina basada en evidencia indica claramente a qué edad debe realizarse una mamografía, una ecografía de abdomen o una radiografía de tórax, entre otros estudios.

Pero también hay factores genéticos y epigenéticos que no permiten estandarizar de forma rígida los métodos de imágenes necesarios para la prevención.

Prevenir significa encontrar algo antes de que se presenten signos o síntomas. Cuando los síntomas ya están, eso no es prevención: ahí hablamos de diagnosticar, tratar y —si se puede— curar. Y no siempre es posible curar.

Es en esa etapa tardía donde los costos de la medicina se disparan. Sin políticas gubernamentales orientadas a la prevención, el sistema entero termina actuando de manera reactiva. Es casi obvio escuchar: “Si no tengo dolor de cabeza, ¿por qué me voy a hacer una resonancia cerebral?”

Y muchos dirán: “¿Cómo se va a hacer una resonancia sin síntomas si es tan costosa?”

¿De qué forma cambiaría esa ecuación si existiera un enfoque real de medicina preventiva?

Si la prevención fuera una política estructural, el volumen de pacientes sería mayor y los costos bajarían. Una resonancia valdría menos porque habría más personas haciéndosela.

Pero ese chip no existe ni en los entes gubernamentales ni en las aseguradoras ni en la mayoría de sistemas de salud de nuestros países. Es un círculo vicioso:

No hay prevención → diagnosticamos tarde → tratamos tarde → el costo se dispara.

Nos quedamos apagando incendios. Es una paradoja enorme, y la medicina debería resolverla. Pero existe un componente mercantilista que muchas veces impide que las cosas se hagan como deberían hacerse.

Hablemos ahora del Da Vinci Wellness Center. ¿Cómo nace este concepto y en qué se diferencia de un centro de diagnóstico tradicional?

Fíjate, Ezequiel, que no es un centro de diagnóstico: es un centro de bienestar.

El nombre “Da Vinci” surge después de la pandemia. Así como Leonardo da Vinci y el Renacimiento aparecieron tras la Peste Negra, este proyecto nació después de la COVID. Quisimos crear algo nuevo a partir de ese punto de inflexión histórico.

Todos saben quién es su ginecólogo, su pediatra o su urólogo. Pero ¿saben quién es su radiólogo?

Ese profesional que interpreta las imágenes, que trabaja con tecnología de altísimo nivel, que recibe la responsabilidad de evaluar por dentro el cuerpo del paciente. Muy poca gente lo sabe.

¿Qué papel juega la tecnología en este enfoque integral de bienestar?

Es central. Las personas deberían saber con qué equipos se las evalúa: qué resonador, qué tomógrafo, qué ecógrafo, qué mamógrafo, qué dosis de irradiación reciben, qué riesgos, qué calidad diagnóstica.

Hemos creado un espacio donde la gente entiende la tecnología que cuida su salud y conoce quién está detrás de cada estudio. Es medicina preventiva, holística y funcional al mismo tiempo.

Usted tiene una larga trayectoria fundando centros de diagnóstico en Colombia. ¿Cómo se conecta esa experiencia con la creación de Da Vinci?

Da Vinci surge después de muchos años de trabajar en centros de diagnóstico muy reconocidos. Pero después de la pandemia decidimos hacer algo distinto: no un centro para detectar enfermedad, sino un centro para promover la calidad de vida.

No es solo prevenir enfermedades. Es acompañar al paciente en un estilo de vida donde él es el protagonista:

cómo se alimenta, cómo se nutre, qué ejercicio hace, qué hobbies cultiva, cómo maneja su salud mental.

Esa es la esencia del Da Vinci Wellness Center:

un lugar en el que el paciente toma el control de su salud y donde el radiólogo tiene un rol activo dentro de un modelo de bienestar integral.

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