Entrevista con Pablo Sanabria, Técnico Especializado en Medicina Nuclear del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo
Durante el XV Congreso de Física Médica de SAFIM, realizado en la Universidad Nacional de La Plata, conversamos con Pablo Sanabria, técnico especializado en Medicina Nuclear con más de dos décadas de experiencia profesional. Desde su práctica diaria en uno de los centros oncológicos de referencia de Argentina, el Hospital Angel H. Roffo, comparte su visión sobre la evolución del rol técnico, la interacción con la Física Médica y los desafíos que plantean las nuevas terapias con radionúclidos.

Un rol cada vez más especializado
La incorporación progresiva de tecnologías híbridas, protocolos avanzados de adquisición y herramientas de procesamiento ha transformado profundamente el perfil profesional del técnico en medicina nuclear. Según Sanabria, el trabajo conjunto con los físicos médicos ha impulsado una evolución constante de las competencias técnicas y científicas requeridas en la práctica clínica.
“La presencia del físico médico nos obliga a elevar permanentemente nuestro nivel de formación. Su participación aporta conocimientos fundamentales para la resolución de problemas complejos relacionados con equipamiento, software, procesamiento y control de calidad”, señala.
Esta sinergia resulta especialmente relevante en entornos donde los sistemas SPECT/CT y otros equipos híbridos demandan una comprensión integral de los procesos de adquisición, reconstrucción y fusión de imágenes. Situaciones vinculadas a calibraciones, artefactos, fallas en detectores o problemas de software requieren una interacción continua entre técnicos y físicos médicos para garantizar resultados diagnósticos confiables.

De la vocación por la imagen a la especialización en Medicina Nuclear
El interés de Sanabria por el diagnóstico por imágenes surgió durante su formación universitaria. Destaca particularmente el enfoque innovador de la carrera cursada en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), que integraba distintas modalidades de imagen, incluyendo radiología, tomografía computada, resonancia magnética y medicina nuclear.
“Lo que más me atrajo fue la posibilidad de estudiar la fisiología humana mediante imágenes, observando el funcionamiento de los órganos y sistemas de una manera mínimamente invasiva. A esto se suma el enorme atractivo científico de los radiofármacos y sus aplicaciones clínicas”, explica.
A lo largo de su carrera reconoce como una influencia determinante al Dr. Fernando Peña, referente histórico de la Medicina Nuclear argentina, cuya visión clínica y formación profesional marcaron a varias generaciones de especialistas.
El técnico como protagonista del aseguramiento de la calidad
Uno de los conceptos que atraviesa toda la entrevista es la importancia del aseguramiento de la calidad como responsabilidad compartida dentro del servicio.
Para Sanabria, el técnico moderno no solo debe dominar la preparación y dispensación de radiofármacos, la adquisición de imágenes y el procesamiento de estudios, sino también participar activamente en los programas de control de calidad de los equipos.
Las actividades diarias incluyen:
• Verificación de niveles de fondo radiológico.
• Control de estabilidad instrumental.
• Evaluación de la calidad de la elución de generadores.
• Medición de contaminación por molibdeno.
• Control de calidad de radiofármacos.
• Pruebas de uniformidad de gammacámaras.
• Evaluación del centro de rotación en sistemas SPECT.
• Verificación de activímetros utilizados para la medición de actividad.
Estas tareas constituyen la primera barrera para garantizar que los estudios se realicen bajo parámetros técnicos adecuados y con la máxima seguridad para el paciente.
Fuentes de calibración: el estándar invisible detrás de cada imagen
La entrevista también aborda el papel esencial de las fuentes de calibración en Medicina Nuclear.
Según Sanabria, estas fuentes constituyen el patrón de referencia que permite verificar la exactitud y estabilidad de múltiples sistemas de medición. En activímetros, por ejemplo, aseguran que la actividad administrada al paciente sea la correcta, evitando errores tanto por sobreestimación como por subestimación de la dosis.
En las gammacámaras y sistemas SPECT, las fuentes de calibración permiten validar parámetros críticos relacionados con uniformidad, linealidad y rendimiento de los detectores. La ausencia de controles adecuados puede traducirse en artefactos, zonas frías o distorsiones que comprometan la calidad diagnóstica de las imágenes reconstruidas.
“Un control de calidad deficiente puede afectar directamente la interpretación clínica. Lo que inicialmente parece una pequeña desviación instrumental puede amplificarse durante la reconstrucción tomográfica y generar errores diagnósticos significativos”, advierte.
El impacto del Lutecio-177 y la era de la dosimetría personalizada
Uno de los temas más relevantes de la conversación fue el creciente protagonismo del Lutecio-177 en los procedimientos terapéuticos actuales.
La incorporación de radiofármacos terapéuticos capaces de generar imágenes cuantificables ha modificado significativamente la práctica asistencial, impulsando protocolos más complejos y una mayor participación de los técnicos en procesos vinculados a la dosimetría personalizada.
Sanabria destaca que este avance exige una actualización permanente de conocimientos, así como una rigurosidad aún mayor en los controles de calidad y en la adquisición de imágenes.
“La implementación de terapias con radionúclidos requiere precisión en cada etapa del procedimiento. Desde la recepción del radiofármaco hasta la adquisición de imágenes para dosimetría, cada paso debe ejecutarse con extrema exactitud para garantizar mediciones confiables”, afirma.
Además, resalta la creciente importancia de herramientas de fusión de imágenes, segmentación anatómica y cuantificación funcional, que convierten al técnico en un actor fundamental dentro del proceso dosimétrico multidisciplinario.
Una profesión en constante transformación
La experiencia de Pablo Sanabria refleja la evolución que ha experimentado la Medicina Nuclear en las últimas décadas. Lejos de limitarse a la operación de equipos, el técnico actual participa activamente en procesos de control de calidad, optimización de protocolos, seguridad radiológica, procesamiento avanzado de imágenes y soporte a procedimientos dosimétricos.
En un escenario donde convergen innovación tecnológica, inteligencia artificial, cuantificación molecular y terapias dirigidas, la formación continua y el trabajo interdisciplinario aparecen como pilares imprescindibles para sostener los estándares de calidad que exige la Medicina Nuclear moderna.
La integración entre técnicos, físicos médicos y médicos nucleares ya no es solo una ventaja operativa: se ha convertido en un requisito esencial para ofrecer diagnósticos más precisos y tratamientos cada vez más personalizados.


