jueves 2 diciembre, 2021
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Medicina nuclear: alquimia y diagnóstico

Por Guillermo Casale, Responsable del Departamento Nuclear y Jefe de Instalación del Laboratorio BACON.

El artículo echa luz acerca de la historia, el camino y la búsqueda de trazadores óptimos para efectivizar el diagnóstico en la medicina nuclear.
  El ser humano ha sido, desde siempre, la principal materia de estudio de sí mismo. Trata de comprender lo que nos rodea, las leyes de la física, química y biología, nos desvela desde que tenemos conciencia de estar parados sobre este planeta. Primero desde el misterio, luego desde la magia, y, ahora, desde el conocimiento científico, vamos generando herramientas, algoritmos, teoremas que busquen dar una respuesta. Respuesta que, por otro lado, solo percibe un solo fin: perpetuarnos.
  Durante el Medioevo, en la búsqueda de la piedra filosofal, estaba enraizada nuestra fundamentación: comprender los misterios de la naturaleza (el concepto de transformar en «oro» todo lo que se toca) apuntaba a nutrirnos de conocimiento. Por otro lado, la «Fuente de la Juventud» buscaba curarnos de todos los males, a fin de hacer perdurable ese conocimiento.
  El tiempo pasó, el método científico copó nuestro pensamiento, pero nuestra esencia sigue buscando lo mismo. Mediante los reactores y aceleradores de partículas hemos aprendido que podemos «transmutar» la materia, es decir, nuestra «Piedra Filosofal», finalmente, llegó. 

 Conseguimos obtener elementos más valiosos que el oro, elementos que poseen la capacidad de indicarnos cómo están conformados y dónde se encuentran localizados por sus emisiones. Mediante estas propiedades hemos diseñado moléculas a fin de poder trazar y conocer nuestro metabolismo. A través de estos procesos, descubrimos diversas instancias del mismo, como el caso de las azúcares (Federico Leloir), Ciclo de Krebs (Hans Krebs) mediante el uso de C-14, H-3, hasta la decodificación de la secuencia de nuestro genoma con la utilización in vitro de P-32, S-35, etc.
  Con trazadores «InVivo» estamos buscando y entendiendo nuestro metabolismo a fin de encontrar desórdenes y poder realizar acciones correctivas (tratamientos), es decir, la» Fuente de la Juventud» está en la mira: contamos con la piedra filosofal que posibilitará dicho encuentro. Estos trazadores pueden ser emisores de fotones gamma, los que nos envían información a fin de reconstruir un «mapa» de distribución de dicho trazador.
  Hacia fines de los años 50 se encontró un trazador interesante, pero no por sus características biológicas sino físicas: el Tecnecio-99m. Es un radioelemento que no existe en la naturaleza, sino que fue creado por el hombre mediante su tecnología, de ahí su nombre. Entre sus principales características se encuentra su período de 6 hs adecuado para trazar metabolismos, es un radioelemento emisor de fotones gamma con una energía que lo hace de fácil detección. Pero su característica más importante no reside en el mismo sino en su «Madre Radiactiva». El Tecnecio es «Hija» de un radioelemento sintetizado en los reactores nucleares, el Molibdeno-99. Este elemento es uno de los conocidos como «residuos» de fisión. La ventaja que posee el Tecnecio es su madre, dado que «ella» es más perdurable. Posee un período de 66Hs, diez veces más que su hija. Este hecho llevó a desarrollar un equipo que hoy se conoce como «Generador de Tecnecio».

Esquema del decaimiento radiactivo que posibilita el «Generador de Tecnecio»
  La gran ventaja del generador de Tecnecio es que mediante el mismo se puede disponer del radiotrazador, tanto al lado de un reactor, como en distancias variables a varios kilómetros. Este hecho llevó la medicina nuclear a los lugares más recónditos del planeta. 

El problema que planteaba el Tecnecio es que, al no existir en la naturaleza, ningún ser vivo lo utiliza, es decir, no participa en ningún metabolismo. Este hecho requirió un gran desarrollo en moléculas que se «unen» al Tecnecio y que sí le otorgan una propiedad biológica. Una especie de «vector» químico. «Estas moléculas son las que se llaman comúnmente «radiofármacos fríos» ó kits.

  Hoy en día luego de varias décadas de desarrollo existen radiofármacos para trazar gran parte de procesos metabólicos y fisiológicos. Por ejemplo el MDP (un compuesto que posee fósforo), al unirse al Tecnecio, es utilizado para trazar u observar la necesidad celular de fósforo. Eso significa que una célula ósea cuyo metabolismo necesita fósforo, seleccionará esta molécula para la síntesis de hidroxiapatita (base de la estructura ósea). Por lo tanto la imagen que devolverá la cámara gamma será un mapa de necesidad de fósforo por parte del hueso. Esto es una gran diferencia con los estudios tradicionales de rayos X ó tomografía computada, Resonancia, etc, lo que se «devela» en estudios de medicina nuclear es invisible a los métodos antedichos llamados anatómicos ó morfológicos.
  La medicina Nuclear observa metabolismo, fisiología y procesos llevados a cabo por órganos. Por ejemplo, un proceso tumoral incipiente no genera cambios morfológicos, pero sí metabólicos ya que la célula se encuentra alterada. Equivale a ver el inicio de una posible enfermedad.
  Es ahí donde interviene el ojo del Médico Nuclear; él puede distinguir entre un proceso metabólico normal y otro que no lo es. Se encuentra entrenado para ver y distinguir entre un proceso fisiológico y uno patológico. Su «ojo» observa estas imágenes, las que tiene que traducir en procesos celulares, fisiología y metabolismo a fin de obtener un diagnóstico.
  Hoy día, en el mundo, se llevan a cabo infinidad de estudios de medicina nuclear. El Tecnecio que se obtiene de los generadores es uno de los trazadores universales que ha descartado a lo largo de décadas de estudios. 

El Tecnecio ha resuelto gran cantidad de diagnósticos pero posee un problema, además de ser un elemento que no existe en la naturaleza y por lo tanto no es metabolizable, es un átomo muy voluminoso. Es muy distinto a los átomos que conforman la química de la vida, no posibilitando la realización de moléculas pequeñas, por lo que no es posible trazar la mayoría de los procesos bioquímicos, para ello fueron necesarios otros trazadores y tecnología. Ese tiempo ya llegó, pero lo dejamos para la próxima.

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