Entrevistamos a Elsa Labat, ella es CEO de la Clínica Humana de Imágenes en General Roca, Río Negro, miembro de Women in Global Health y mucho más!
Liderazgo en un centro de imágenes del sur argentino

¿Cómo llegaste a liderar un centro de imágenes en el sur del país?
Mi abuelo fundó Clínica Humana de Imágenes en 1978 en General Roca, Río Negro y si bien no estudié medicina mi carrera profesional la fui inclinando hacia la gestión de centros de salud para finalmente tomar la dirección del Centro en el año 2021.
¿Qué desafíos implica dirigir en una región con condiciones particulares?
Dirigir en la Patagonia tiene desafíos únicos. Desde la logística para adquirir y mantener equipamiento de punta hasta la atracción y retención de talento especializado. Sin embargo, estos retos nos obligan a ser más creativos y resilientes. Hemos transformado estos desafíos en fortalezas, creando una cultura de trabajo sólida y un proyecto atractivo que los profesionales eligen. Además, nos ha impulsado a construir redes de colaboración muy fuertes con la comunidad médica local.
Siendo Magister en Administración de Empresas y no médica, ¿cómo gestionás equipos clínicos y los desafíos de un centro de diagnóstico por imágenes?
Creo que ese es, precisamente, uno de los grandes desafíos de mi trabajo cotidiano. Mi función es construir y dirigir el sistema que les permita a los médicos hacer su trabajo en las mejores condiciones posibles. Mi perspectiva desde la gestión me permite enfocarme en la experiencia del paciente de punta a punta, en la eficiencia de los procesos, en la sostenibilidad financiera y en la cultura del equipo. Actúo como un puente entre el lenguaje médico y el de la gestión. Lejos de ser una desventaja, ser no-médica me da la distancia necesaria para tener una visión panorámica y asegurar que todas las piezas de esta compleja maquinaria funcionen en armonía para servir a nuestro propósito: el cuidado del paciente.
¿Qué valores guían tu liderazgo?
Mi liderazgo se apoya en tres pilares. El primero es el Humanismo: la tecnología es una herramienta al servicio de las personas, no al revés. El segundo es la Equidad: trabajar incansablemente para que todos tengan acceso a un diagnóstico de calidad y para que cada miembro de mi equipo tenga oportunidades de crecer, sin importar su género. Y el tercero es la Excelencia: la búsqueda constante de la mejora, la formación continua y el compromiso innegociable con la calidad diagnóstica.
¿Cuál fue una decisión difícil que marcó tu rol como líder?
Más que una decisión aislada, fue un proceso que puso a prueba mi liderazgo. En un contexto económico muy complejo, surgió la oportunidad de hacer una inversión muy significativa para actualizar uno de nuestros resonadores. Financieramente, el momento era adverso y la decisión lógica parecía ser esperar. El verdadero desafío de liderazgo no fue solo aprobar la inversión, sino gestionar las dudas y el miedo, tanto en mi equipo como en mí misma. Implicó escuchar activamente a quienes recomendaban prudencia, pero al mismo tiempo, mantener firme el propósito de la clínica: nuestro compromiso con la salud de la región. Mi rol fue absorber esa presión externa para que no desmotivara al equipo y comunicar una visión clara de por qué debíamos avanzar. No se trató de imponer una idea, sino de alinear a todos con nuestros valores de excelencia y cuidado al paciente. Ese proceso me enseñó que liderar no es solo tener una visión a largo plazo, sino sostenerla con convicción en medio de la tormenta, generando la confianza necesaria para que todo el equipo reme en la misma dirección, incluso cuando el rumbo parece arriesgado.
¿Cómo motivás a tu equipo en el día a día?
La motivación más poderosa viene del propósito. Constantemente nos recordamos el impacto real que tenemos en la vida de las personas; no vemos imágenes, vemos historias clínicas, familias, esperanzas. Además, fomento un ambiente de autonomía y confianza y, por supuesto, celebro los logros, tanto los grandes hitos como las pequeñas victorias diarias. Un equipo que se siente valorado, escuchado y parte de algo más grande, es un equipo que no necesita que lo empujen.
¿Notás alguna diferencia en el liderazgo femenino dentro de la medicina?
Absolutamente. De hecho, esta diferencia es el motor de mi participación activa en Women in Global Health Argentina. Las mujeres representamos más del 70% de la fuerza laboral de salud, pero ocupamos menos del 25% de los roles de decisión. Esa brecha es inmensa. En WGH Argentina trabajamos precisamente para cambiar esa realidad. Lo hacemos creando una potente red de mentoría y apoyo, visibilizando a las mujeres que ya son referentes en el sector y generando espacios de formación y comisiones de trabajo para desarrollar herramientas concretas de liderazgo, gestión e incidencia.
Creemos que cuando las mujeres lideramos, a menudo traemos un enfoque más colaborativo, una comunicación más empática y una visión más integral del cuidado, que incluye tanto lo técnico como lo emocional. No se trata de ser mejores o peores, sino de aportar una perspectiva distinta y necesaria que enriquece la toma de decisiones y humaniza el sistema. Por eso, cerrar esa brecha no es solo una cuestión de justicia, es una cuestión de eficiencia para la salud.
Tu charla en el encuentro de mujeres radiólogas (CADI)

¿Qué ideas principales compartiste en tu charla sobre liderazgo?
La idea central de mi charla fue explorar dos revoluciones que están transformando la radiología: la del liderazgo femenino y la tecnológica. Demostré que ambas tienen un punto en común que nos obliga a reflexionar: nuestro recurso más valioso y no renovable, el tiempo. Por un lado, abordé cómo las barreras sistémicas, como la desigualdad en el trabajo no remunerado y la brecha de datos de género, impactan directamente en el tiempo que las mujeres tenemos para nuestro desarrollo profesional. Por otro lado, presenté a la Inteligencia Artificial como una aliada para optimizar tareas y devolvernos ese tiempo, permitiéndonos enfocarnos en un rol más estratégico y humano.
¿Qué herramientas prácticas recomendaste para organizarse mejor?
Compartí una caja de herramientas muy prácticas, porque la gestión del tiempo debe ser algo aplicable. Las dividí en tres esferas:
- Esfera Personal: Sugerí métodos como el Bloqueo de Tiempo (Time Blocking) en la agenda para proteger las prioridades y el sistema GTD (Getting Things Done) para liberar la mente de pendientes.
- Esfera Laboral: Presenté la Matriz de Eisenhower para clasificar tareas por urgencia e importancia , y un sistema para gestionar eficientemente el correo electrónico.
- Esfera Familiar: Recomendé el uso de calendarios compartidos para coordinar actividades y listas colaborativas como Google Keep para las tareas del hogar, fomentando la corresponsabilidad.
La clave es que cada persona arme su propio kit, porque no hay una solución única para todas
¿Qué errores ves en quienes recién comienzan a liderar equipos?
Mi charla no se enfocó en los errores individuales, sino en las barreras estructurales. Sin embargo, a partir de las soluciones que propuse, podríamos inferir algunos desafíos comunes. Uno de ellos es la dificultad para ponerle precio a su valor; muchas profesionales no negocian su salario o sus condiciones porque no cuantifican su impacto. Otro punto es caer en lo que la filósofa Kate Manne llama el ‘Síndrome de la Hipergenerosidad’ : la tendencia a ofrecer nuestro tiempo y atención de forma ilimitada, lo que nos lleva a no poner límites y a no saber decir que no, un paso fundamental para liderar con foco.
¿Cómo ves hoy la participación femenina en espacios de decisión en radiología?
En mi presentación mostré con datos que, si bien hay más mujeres en la radiología, su acceso a espacios de decisión sigue siendo un gran desafío. Esto se debe a una cultura que, como dice Simone de Beauvoir, confunde el punto de vista masculino con la verdad absoluta, tratando a las mujeres como una minoría. A esto se suma una realidad abrumadora: las mujeres en Argentina dedicamos, en promedio, casi el doble de tiempo al trabajo no remunerado —doméstico y de cuidados— que los hombres. Esta ‘doble jornada’ es una barrera estructural que nos deja con menos tiempo y energía para construir una carrera de liderazgo.
Pero a pesar de este panorama, y esto es lo más inspirador, las mujeres que llegamos a estos puestos estamos muy unidas. Lejos de competir, compartimos experiencias, nos aconsejamos y tejemos una red de apoyo increíblemente potente y productiva. Hemos entendido que el camino es colectivo, y esa colaboración se está convirtiendo en una fuerza transformadora silenciosa pero imparable dentro de la especialidad.
¿Qué repercusiones tuvo tu charla entre las colegas?
La repercusión fue increíblemente positiva y, sobre todo, reveladora. Lo más fuerte fue la sensación de comunidad que se generó; muchas colegas se acercaron para compartir que se sentían profundamente identificadas, sobre todo al ponerle nombre a conceptos como el ‘síndrome de la hipergenerosidad’ o al ver en datos la carga del trabajo no remunerado. Más allá de lo emocional, hubo un interés práctico inmediato: recibí decenas de mensajes consultando por las aplicaciones y la bibliografía que recomendé. Quizás lo más motivador fue que, al saber que la charla era una versión resumida, varias colegas ya me pidieron organizar una nueva fecha para la presentación completa. Esa demanda me confirmó que esta conversación es urgente y necesaria.
¿Qué mensaje final te gustaría darle a las mujeres que quieren asumir roles de liderazgo?
Mi mensaje es un llamado a la acción con tres ideas clave. Primero, el trabajo interno: si la sociedad no valora nuestro tiempo, debemos empezar por valorarlo nosotras. Esto implica aprender a poner límites, a decir que no y a negociar nuestro valor sin pedir disculpas. Segundo, el trabajo en red: quiero reforzar que el liderazgo ya no es un camino solitario, sino compartido e inclusivo. Es fundamental trabajar en redes de contacto. Como enfaticé en mi charla, se trata de ‘construir alianzas, no de coleccionar contactos’. Anímense a preguntar, a buscar mentoras que las aconsejen y les abran puertas, y a crear lazos genuinos con otras colegas para potenciarse mutuamente. Y, por último, la mentalidad: que se animen. Que se permitan soñar, fracasar una y otra vez, pero nunca dejen de intentarlo. El liderazgo no se trata de ser perfecta, se trata de ser una misma y de construir el camino, idealmente, acompañada de otras.

