Entrevista a la Dra. Isabel Hume sobre el presente y futuro de la especialidad
En el marco de una serie de entrevistas de Diagnóstico Journal orientadas a visibilizar la evolución de la medicina nuclear, Patricia Espinosa dialogó con la Dra. Isabel Hume, referente en terapia metabólica y actual vicepresidenta de la Asociación Argentina de Biología y Medicina Nuclear.
Con una mirada clara y profunda, Hume analizó el crecimiento de la especialidad, el impacto de la teragnosis y los desafíos hacia el futuro.
Una especialidad en pleno crecimiento
“La medicina nuclear está atravesando un gran momento”, afirma la Dra. Hume. La especialidad, que integra tanto el diagnóstico como el tratamiento, muestra un crecimiento sostenido en ambas áreas.
En el campo diagnóstico, técnicas como PET y cámara gamma han adquirido un rol cada vez más relevante en la toma de decisiones clínicas. Pero es en el área terapéutica donde, según Hume, se vive un verdadero “tsunami” de innovación, impulsado principalmente por el desarrollo de nuevos radiofármacos.
Más allá de la localización: hacia decisiones clínicas más precisas
Uno de los grandes cambios de los últimos años tiene que ver con el rol de la imagen en oncología.
“Antes utilizábamos las imágenes principalmente para localizar la enfermedad. Hoy, gracias a la tecnología, podemos ir mucho más allá”, explica.
En patologías como el cáncer de próstata, la incorporación de nuevas herramientas permite no solo detectar lesiones, sino también:
● Seleccionar pacientes para terapias específicas
● Predecir la respuesta al tratamiento
● Contribuir a la estratificación de riesgo
“Lo importante no es solo innovar, sino que esa innovación impacte en mejores decisiones clínicas”, subraya.
El avance de la teragnosis: diagnóstico y tratamiento integrados
La Dra. Hume destaca el concepto de teragnosis como la esencia de la medicina nuclear. Este enfoque combina diagnóstico y tratamiento utilizando la misma vía biológica.
“El concepto no es nuevo, pero hoy está viviendo una revolución”, explica. “Se trata de identificar una molécula específica en el cuerpo y luego utilizar esa misma vía para tratar la enfermedad”.
En el caso del cáncer de próstata, por ejemplo, se emplean estudios que detectan la sobreexpresión de PSMA mediante radiofármacos diagnósticos (como Flúor-18 o Galio-68). Luego, si el paciente es candidato, se utiliza Lutecio para administrar tratamiento dirigido.
“Nos gusta explicarlo como un sistema de llave-cerradura: primero identificamos dónde están las cerraduras y luego utilizamos la llave adecuada para tratarlas”.

Radioembolización hepática y medicina personalizada
Otro ejemplo del impacto terapéutico es la radioembolización con itrio-90 para tumores hepáticos.
A diferencia de la teragnosis, este tratamiento se basa en la administración intraarterial de microesferas que liberan radiación directamente sobre el tumor, preservando el tejido sano.
Según Hume, uno de los avances clave ha sido la evolución hacia la dosimetría personalizada.
“Pasamos de tratamientos paliativos en pacientes avanzados a escenarios con intención curativa en tumores pequeños. Y eso fue posible gracias al cálculo individualizado de la dosis”, explica.
Trabajo multidisciplinario: una necesidad
El crecimiento de la medicina nuclear también ha impulsado una mayor integración con otras especialidades.
La Dra. Hume forma parte de UroTerag Latam, un grupo que promueve el trabajo conjunto entre especialistas.
“Hoy no podemos pensar al paciente de forma aislada. Necesitamos hablar un lenguaje común entre todas las disciplinas”, sostiene.
Este cambio ha llevado a que el médico nuclear tenga un rol más activo en la toma de decisiones terapéuticas, especialmente en oncología.

Formación y acceso: los desafíos
El avance de la especialidad plantea también importantes desafíos. Por un lado, la necesidad de formación continua tanto para profesionales actuales como para nuevas generaciones. Por otro, el acceso a estas terapias.
“El acceso es un tema complejo, ya que se trata de tratamientos de alto costo”, reconoce. “Nuestro rol es demostrar el beneficio clínico y garantizar una adecuada selección de pacientes para maximizar su efectividad”.
Mirando hacia el futuro
De cara a los próximos años, la Dra. Hume no duda:
“La medicina nuclear va a seguir creciendo en ambas áreas, diagnóstica y terapéutica. El desarrollo de nuevos radiofármacos es enorme y tenemos que estar preparados”.
En ese camino, destaca la importancia del trabajo conjunto, la formación y el fortalecimiento del marco regulatorio para ampliar el acceso.
“Al final, todo esto tiene un objetivo claro: mejorar la sobrevida y la calidad de vida de los pacientes”, concluye.

