La hemodinamia moderna se caracteriza por el uso de tecnologías cada vez más sofisticadas, procedimientos mínimamente invasivos de alta complejidad y equipos de
trabajo conformados por profesionales de diversas disciplinas.
Sin embargo, existe un elemento fundamental que muchas veces pasa desapercibido y que resulta tan importante como cualquier dispositivo o equipamiento disponible en la sala: la comunicación.
La comunicación asertiva constituye una competencia esencial para todos los integrantes del equipo de salud. Se entiende como la capacidad de expresar información, opiniones, observaciones o preocupaciones de manera clara, respetuosa y oportuna, favoreciendo el entendimiento mutuo y la toma de decisiones seguras.

En una sala de hemodinamia conviven médicos intervencionistas, enfermeros, técnicos en radiología, licenciados en bioimágenes, instrumentadores, anestesiólogos y otros profesionales que participan activamente en el cuidado del paciente. La complejidad de los procedimientos exige que la información circule de manera precisa y eficiente, especialmente en situaciones donde el tiempo de respuesta puede ser determinante.
Diversos estudios sobre seguridad del paciente han demostrado que una proporción significativa de los eventos adversos en salud se relaciona con problemas de comunicación.
Indicaciones incompletas, mensajes ambiguos, ausencia de confirmación de datos críticos o dificultades para expresar una preocupación pueden convertirse en factores de riesgo evitables.
Por el contrario, los equipos que promueven una comunicación abierta y respetuosa desarrollan una mayor capacidad para identificar errores potenciales, anticipar complicaciones y responder de manera coordinada ante situaciones inesperadas.
La posibilidad de que cualquier integrante del equipo pueda expresar una observación relevante, independientemente de su rol profesional, constituye uno de los pilares de las
organizaciones sanitarias de alta confiabilidad.

La comunicación asertiva también implica escuchar.
Escuchar activamente permite comprender el contexto, validar la información recibida y construir espacios donde el intercambio profesional se convierta en una herramienta de aprendizaje y mejora continua. Esta cultura favorece no solo la seguridad del paciente, sino también un mejor clima laboral y una mayor cohesión entre los miembros del equipo.
Los entrenamientos interdisciplinarios, las simulaciones clínicas, los briefings previos a los procedimientos y los espacios de reflexión posteriores representan oportunidades valiosas para fortalecer estas habilidades. La formación técnica es indispensable, pero la experiencia demuestra que los mejores resultados se alcanzan cuando los equipos desarrollan competencias relacionales que facilitan el trabajo colaborativo.
La seguridad del paciente no depende exclusivamente de la tecnología disponible ni de la capacidad individual de los profesionales. Depende, en gran medida, de la forma en que las personas trabajan juntas, comparten información y construyen confianza dentro del equipo.
En hemodinamia, donde cada decisión puede tener un impacto trascendental, la comunicación asertiva deja de ser una habilidad deseable para convertirse en una verdadera herramienta clínica. Porque muchas veces, la diferencia entre un procedimiento seguro y un evento adverso no está solamente en lo que hacemos, sino también en cómo nos comunicamos.
Fernando Luis Orsi
Especialista en Gestión Educativa
Director Académico de ECIHEM
Educación en Ciencias de Hemodinamia
www.ecihem.net


