Prof. Dra. Karina Pesce: cuando las imágenes también forman parte del tratamiento

Para la Prof. Dra. Karina Pesce, jefa de Diagnóstico e Intervencionismo Mamario del Hospital Italiano de Buenos Aires y fundadora y directora de CLIM, una de las transformaciones más importantes de los últimos años es que las imágenes mamarias ampliaron su campo de acción. Ya no se trata únicamente de detectar y caracterizar lesiones: actualmente, el diagnóstico por imágenes permite obtener muestras mediante procedimientos mínimamente invasivos y, en determinadas pacientes, incluso evitar una cirugía.

Las biopsias asistidas por vacío han sido protagonistas de esta evolución. Pueden realizarse bajo guía ecográfica, estereotáxica, por tomosíntesis, resonancia magnética o mamografía contrastada y permiten obtener una mayor cantidad de tejido que una biopsia convencional. En determinadas lesiones B3, además, puede plantearse una escisión percutánea con intención terapéutica.

Estas decisiones requieren una adecuada correlación entre los hallazgos por imágenes y la anatomía patológica, además de una discusión multidisciplinaria. Sin embargo, representan un cambio sustancial frente a escenarios en los que, hasta hace algunos años, muchas de estas pacientes eran derivadas directamente a cirugía.

El intervencionismo mamario comienza incluso a avanzar sobre el tratamiento de determinados tumores. Pesce destaca la incorporación de la crioablación, una técnica que permite destruir el tumor por congelamiento mediante una aguja colocada bajo guía ecográfica. En el Hospital Italiano de Buenos Aires han sido pioneros en Argentina en su utilización en pacientes cuidadosamente seleccionadas, con tumores luminales pequeños y características favorables. Su indicación requiere una estricta selección, discusión multidisciplinaria y seguimiento posterior.

En paralelo, investigaciones como SOUND e INSEMA están modificando la discusión sobre el manejo de la axila al aportar evidencia sobre la posibilidad de disminuir procedimientos quirúrgicos en pacientes seleccionadas. Para Pesce, todos estos avances forman parte de una misma transformación: las imágenes tienen hoy un papel creciente en la selección de tratamientos menos invasivos, manteniendo la seguridad oncológica.

Inteligencia artificial: asistencia, auditoría y aprendizaje

La inteligencia artificial también forma parte de su práctica cotidiana. En mamografía puede actuar como segundo lector, señalar áreas sospechosas y ayudar a priorizar aquellos estudios que necesitan una revisión más detenida. En ecografía, puede aportar una segunda evaluación de las características de una lesión.

En su sección utilizan herramientas de IA tanto en mamografía como en ecografía, aunque bajo una premisa clara: la lectura médica siempre es obligatoria y precede a la evaluación del algoritmo. Primero el especialista interpreta el estudio y luego consulta el resultado de la inteligencia artificial, evitando así que la respuesta del sistema condicione desde el comienzo la mirada del radiólogo.

Pesce destaca, además, otro uso particularmente interesante: la auditoría de la propia práctica médica. La IA permite revisar discordancias, analizar retrospectivamente estudios de pacientes que posteriormente desarrollaron cáncer e identificar posibles patrones de error. De esta manera, la tecnología no solo colabora en la detección, sino que también puede convertirse en una herramienta para aprender de los propios resultados y mejorar la calidad.

Esto no significa delegar la decisión en el algoritmo. La IA no dispone por sí sola de toda la historia de la paciente ni puede integrar completamente el examen físico y el contexto clínico. Además, Pesce advierte que los sistemas deben ser validados en las poblaciones en las que serán utilizados y monitoreados a lo largo del tiempo: no puede asumirse que una herramienta tendrá idéntico rendimiento en todas las regiones o grupos de pacientes.

Mama densa: informar es solo el primer paso

En relación con las mamas densas, Pesce identifica un doble desafío: la densidad puede ocultar un cáncer en la mamografía y, al mismo tiempo, se asocia con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.

Por eso, informar la densidad mamaria no debería limitarse a incorporar una frase en el reporte. Ese dato necesita interpretarse junto con la edad, los antecedentes personales y familiares, las biopsias previas y el riesgo global de cada mujer.

La tomosíntesis permite disminuir la superposición de tejidos, aunque no elimina completamente el problema del enmascaramiento. En mujeres con riesgo elevado, la resonancia magnética continúa siendo el método de mayor sensibilidad, mientras que la mamografía con contraste gana espacio como alternativa en pacientes seleccionadas. La ecografía también puede utilizarse como complemento, pero Pesce advierte que no debería indicarse automáticamente a todas las mujeres por el solo hecho de presentar mamas densas, ya que esta estrategia puede aumentar los falsos positivos y derivar en controles y biopsias innecesarias.

En Latinoamérica, a este desafío clínico se suma nuevamente la desigualdad. Mientras algunos centros cuentan con un amplio abanico tecnológico, otros todavía encuentran dificultades para garantizar una mamografía de calidad. Mejorar el acceso, la capacitación profesional y los circuitos de seguimiento resulta, por lo tanto, indispensable. Como sintetiza Pesce, informar la densidad sin ofrecer posteriormente una evaluación del riesgo significa dejar el problema a mitad de camino.

Un riesgo que debe reevaluarse

El screening personalizado es, para Pesce, una necesidad. Dos mujeres de la misma edad pueden presentar riesgos muy diferentes y, sin embargo, todavía es frecuente que ambas reciban los mismos estudios y con idéntica periodicidad.

La evaluación debería incorporar antecedentes personales y familiares, densidad mamaria, biopsias previas, factores hormonales y reproductivos y, cuando corresponda, información genética. Pero hay otro aspecto fundamental: el riesgo no debería calcularse una única vez, porque puede modificarse a lo largo de la vida y necesita ser reevaluado.

Una mujer con alto riesgo puede requerir comenzar sus controles antes, incorporar resonancia magnética o realizar estudios con mayor frecuencia. En el otro extremo, algunas mujeres con riesgo bajo podrían eventualmente beneficiarse de otra periodicidad dentro de programas adecuadamente validados. El objetivo no es aumentar o disminuir estudios de manera indiscriminada, sino ajustar la estrategia al riesgo real de cada paciente.

Para llevar este modelo a la práctica serán necesarias políticas de Estado, programas organizados y registros confiables. También será fundamental validar las herramientas de estimación de riesgo en las poblaciones locales, ya que los modelos desarrollados en otros países no necesariamente representan de manera adecuada a las mujeres latinoamericanas.

Hacia la convergencia entre imágenes, IA y riesgo

De cara a los próximos cinco años, Pesce anticipa una creciente convergencia entre las imágenes, la inteligencia artificial y la evaluación individual del riesgo.

La IA irá mucho más allá de señalar una imagen sospechosa: podrá comparar estudios actuales con anteriores, reconocer cambios extremadamente sutiles y extraer de la mamografía información que hoy no resulta evidente para el ojo humano. Al mismo tiempo, podría contribuir a estimar qué mujeres presentan mayor riesgo de desarrollar cáncer en los años siguientes.

También crecerá la utilización de métodos como la resonancia abreviada y la mamografía contrastada, particularmente en mujeres con mamas densas o riesgo aumentado. Pero Pesce insiste en la importancia de seleccionar correctamente a las pacientes: incorporar más tecnología sin criterios adecuados puede traducirse también en mayores costos, falsos positivos y biopsias innecesarias.

En Latinoamérica, finalmente, la innovación deberá convivir con un desafío todavía más elemental: garantizar que cada mujer pueda acceder al estudio, recibir su resultado a tiempo y completar el circuito diagnóstico.

El objetivo final no será simplemente disponer de más tecnología, sino utilizarla para dejar atrás un modelo de screening uniforme y avanzar hacia una estrategia realmente ajustada a las necesidades y al riesgo de cada mujer.

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