Dr. Daniel Mysler: hacia un diagnóstico mamario personalizado

Dr. Daniel Mysler: hacia un diagnóstico mamario personalizado

Para el Dr. Daniel Mysler, uno de los cambios más relevantes de los últimos años ha sido la evolución desde una mirada centrada casi exclusivamente en la mamografía hacia un diagnóstico mamario verdaderamente multimodal. Si bien la tomosíntesis significó un avance importante, hoy el especialista dispone también de resonancia magnética, protocolos abreviados y ultrafast, mamografía con contraste y nuevas herramientas basadas en inteligencia artificial.

Dr. Daniel Mysler
Dr. Daniel Mysler

Sin embargo, Mysler destaca que la verdadera transformación no está dada por una tecnología en particular, sino por la posibilidad de seleccionar y combinar diferentes métodos de acuerdo con el riesgo individual, la densidad mamaria y el problema clínico de cada mujer. De esta manera, el diagnóstico comienza a alejarse de un esquema uniforme para avanzar hacia estrategias cada vez más personalizadas.

En este nuevo escenario, la inteligencia artificial ya empieza a ocupar un lugar concreto en la práctica cotidiana. Puede funcionar como segundo lector en mamografía, colaborar en la detección de hallazgos, priorizar estudios, evaluar la densidad mamaria y contribuir a la estimación del riesgo. Mysler, sin embargo, marca una diferencia fundamental entre detectar patrones y establecer un diagnóstico.

“El médico especialista en diagnóstico por imágenes es quien integra esa información y realiza el diagnóstico”, señala. Esa tarea implica correlacionar distintos métodos, comparar estudios actuales con los previos, considerar antecedentes clínicos y factores de riesgo e interpretar toda esa información dentro del contexto particular de la paciente.

Por eso, más que imaginar una inteligencia artificial que reemplace al radiólogo, plantea un futuro en el que esta tecnología amplifique las capacidades del especialista, aportando mayor precisión y eficiencia. Su evolución probablemente permita integrar imágenes actuales y previas, estratificar el riesgo, identificar qué pacientes necesitan estudios complementarios y optimizar el flujo de trabajo.

La personalización también resulta especialmente relevante frente a las mamas densas. Mysler considera que la densidad ya no debe entenderse únicamente como una limitación de la mamografía, sino también como un factor de riesgo que debe incorporarse a la evaluación global de cada mujer. La tomosíntesis mejora significativamente el screening, pero algunas pacientes pueden requerir métodos adicionales, como resonancia magnética —incluidos protocolos abreviados—, mamografía con contraste o ecografía.

En Latinoamérica aparece, además, un desafío particular: convertir la evidencia científica en estrategias que puedan implementarse en la práctica real. Esto obliga a encontrar un equilibrio entre sensibilidad diagnóstica, disponibilidad tecnológica, costos y acceso. Para Mysler, no alcanza con desarrollar un modelo ideal si solamente puede beneficiar a una pequeña proporción de la población.

Esta mirada conduce directamente hacia otro de los grandes cambios que anticipa para los próximos años: el screening basado en riesgo. La edad dejaría de ser el único criterio para definir cómo y cuándo estudiar a una mujer. Antecedentes familiares y personales, densidad mamaria, factores clínicos, información genética y datos extraídos de las propias imágenes mediante inteligencia artificial podrían combinarse para establecer estrategias de seguimiento individualizadas.

Así, una mujer con riesgo promedio y otra con alto riesgo no necesariamente deberían realizarse los mismos estudios ni con la misma frecuencia. Para lograrlo será necesario incorporar herramientas de evaluación de riesgo a la práctica cotidiana, contar con sistemas informáticos capaces de integrar esa información y desarrollar circuitos asistenciales que permitan traducir las recomendaciones en estudios concretos.

Al mirar hacia los próximos cinco años, Mysler vuelve a poner el foco en la convergencia tecnológica. La inteligencia artificial permitirá identificar mejor qué mujeres necesitan estudios adicionales, mientras que técnicas como la resonancia abreviada y ultrafast y la mamografía con contraste podrían ofrecer alta sensibilidad con tiempos y costos compatibles con una utilización más amplia.

En definitiva, el cambio más profundo podría no estar en descubrir cuál es “el mejor método”, sino en poder determinar cuál es el mejor método para cada mujer. El futuro que imagina es el de un diagnóstico mamario más personalizado, apoyado por inteligencia artificial, con estudios más rápidos y mayor capacidad para detectar tumores biológicamente relevantes en etapas tempranas.

El desafío, especialmente para nuestra región, será lograr que esos avances no queden restringidos a los centros de alta complejidad, sino que puedan traducirse en un diagnóstico temprano y de calidad para una población cada vez más amplia.

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